EL TRÁGICO DESTINO DEL ELEFANTE BLANCO

Sobre la avenida Comandante Luis Piedrabuena al 3000 se emplaza el edificio denominado “Elefante Blanco”. Una estructura fantasmal de doce pisos sobresale en la planicie de Villa 15 -usualmente llamada Ciudad Oculta- en el barrio de Villa Lugano. Allí conviven, en la más absoluta precariedad, 120 familias. Toneladas de basura, olores nauseabundos, falta de cloacas y agua contaminada convirtieron a este edificio en un foco infeccioso de extrema gravedad.
Paradójicamente, su destino era convertirse en un centro de salud. Así se proyectó en 1823. Aunque, recién un siglo después, y por iniciativa del entonces senador socialista Alfredo Palacios,  el Congreso de la Nación aprobó un subsidio para erigir allí un hospital enfermos de tuberculosis. Las obras comenzaron en el año 1938. Al poco tiempo fueron interrumpidas.
Durante las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón (1946-1955) se retomó su construcción. Esta vez, con el objetivo de convertirlo en el hospital para enfermos leprosos e infecciosos más grande de Latinoamérica. Por ese entonces, la Villa 15 ya había comenzado su proceso de crecimiento, iniciado en la década de 1930. Tras el golpe de Estado de 1955, las obras quedaron paralizadas para siempre, por ende, el edificio mantiene la misma estructura desde entonces.
La edificación nunca contó con un nombre oficial, de manera que los vecinos comenzaron a denominarla “Elefante Blanco”, en alusión a su imponente tamaño y a su tonalidad. Durante la década de 1980 el edificio se fue poblando paulatinamente de familias que no tenían otro lugar en donde vivir, muchas de las cuales provenían de la superpoblada y lindante Villa 15. A partir de entonces, se construyeron viviendas precarias, tanto en su interior como en sus inmediaciones, en su mayoría hechas con maderas, chapas y cartones. Luego, y a fin de evitar su superpoblación, los propios vecinos destruyeron las escaleras que conducían al tercer piso del complejo, por lo cual sólo quedaron habitables la planta baja y los dos primeros pisos.
En diciembre de 2006, tras una serie de reclamos efectuados por Defensoría del Pueblo Ciudad, ante pésimas condiciones de habitabilidad del “Elefante Blanco”, el Gobierno de la ciudad firma un convenio de cooperación con la Fundación Madres de Plaza de Mayo. El objeto era ampliar y profundizar las acciones realizadas para el mejoramiento de las condiciones habitacionales de vecinos de la Villa 15 …” (fs. 302, actuación nº 5022/11). En ese marco, la Fundación construoría viviendas destinadas a los habitantes del “Elefante Blanco”, quienes por ello, participarían activamente del proceso constructivo. A su vez, se tenía proyectada la construcción de un centro de salud, una sala de cine, una escuela primaria, una secundaria y un centro cultural. En el año 2007, el entonces Jefe de Gobierno porteño, Jorge Telerman, pone el edificio bajo la órbita del Ministerio de Desarrollo Social.
Poco nada de lo proyectado se concretó. Pues. al día de hoy, 120 familias viven allí en un estado de sanitario deplorable. Entre las enfermedades más frecuentes se registran: infecciones intestinales por agua contaminada, leptospirosis y hantavirus, y hasta intoxicación por ingestión de venenos en niños.
Varios informes realizados por la Asesoría Tutelar y la Defensoría del Pueblo porteñas, develaron que en el Centro de Salud y Acción Comunitaria (Cesac) más cercano se realizan unas 3.500 consultas mensuales. Según un relevamiento realizado por este centro médico, que depende del Hospital Santojanni, los mayores problemas de salud se relacionan con afecciones respiratorias, intestinales y de la piel. Durante el tercer trimestre de 2013, 119 residentes del Elefante Blanco presentaron bronquiolitis; otros 91 fueron diagnosticados de asma, 39 de neumonía, 98 con diarrea, y 108 con infecciones de la piel, entre otras enfermedades.
Otra de las afecciones frecuentes es el “estrés emocional” que padecen las familias puesto que la comunidad, de acuerdo a una investigación de la Defensoría porteña, plantea inquietudes de tipo sanitario y habitacional.
Una de ellas es la “presencia de roedores”, que “ingresan a los hogares, caminan por las noches por encima de los niños durmiendo y los muerden”, además de la persistencia de mosquitos, el intenso olor proveniente de los cuatro subsuelos de basura, la falta de cloacas y los cables en mal estado que generan incendios.
La Defensoría del Pueblo viene reclamando desde años el saneamiento del lugar. En diciembre pasado, la jueza en lo Contencioso y Administrativo Elena Liberatori dictó una medida cautelar que obligaba al Gobierno de la ciudad a sanear el lugar y facilitar el acceso a viviendas dignas a sus habitantes. A la fecha la orden no fue acatada.