EL TAMAÑO DE LA AUSENCIA

Hoy, 23 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra la Trata de Personas. En nuestro país existe la ley 26.364 de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas, que estableció la Trata de Personas como un delito federal.

El 21 de septiembre Florencia Pennacchi, una de las 6000 victimas de trata denunciadas en nuestro país cumplió 31 años de vida. Está desaparecida -horrible palabra- o secuestrada, por las redes de trata que operan en nuestra Ciudad, desde el 15 de marzo de 2005.  Siete años sin Florencia, siete años sin investigaciones serias, siete años de encubrimiento.

Agustina Frontera, integrante del colectivo Sin Cautivas, Feministas por la Resistencia, relata en esta desgarradora crónica los pasos seguidos para dar con el paradero de su amiga Florencia y los retaceos de las fuerzas policiales  y de la Justicia en la investigación del caso. Una muestra más que la legislación es un mero ornamento, si no existe la voluntad política de luchar contra este flagelo.

El tamaño de la ausencia

por Agustina Frontera

Una vez aprendí a medir el tiempo por el tamaño de las personas, un año son setenta centímetros, porque es lo que mide un nene o nena de un año, y así con cada período de tiempo. Con esta lógica caprichosa, 7 años y medio son como un nene de 7 años y medio, como mi sobrino, cerca de un metro cincuenta. Haga el ejercicio, pose su mano a un metro cincuenta del suelo, todo ese espacio, enorme o pequeño según quien lo mire, es el espacio de vida que ocupa la ausencia de Florencia.

 El tiempo nunca se movió de igual manera, los primeros días fueron con seguridad los más densos. Los amigos de Flor nos enteramos que no volvía a su casa unos dos días después de haber desaparecido, de haber llamado a Pedro, su hermano, para preguntarle si alguien la había llamado a su casa y de avisar en el trabajo que se sentía mal. Dos días después de haber ido a Confusión, un boliche de Palermo, cerca del mediodía.

Esos primeros días fueron vomitivos, la garganta cerrada, llorar y no dormir, dónde estaba esta chica, ¿dónde estás Flor? Los carteles que el ibarrismo puso en las calles porteñas se nos aparecían como retazos de un cuento ajeno, imposible que Flor me mire desde una gigantografía cuando intento una vez más ir a trabajar en bondi a las 8 de la mañana, nauseas de sostener las respuestas, durante un mes, dos meses, tres meses ¿Qué se sabe? “No, nada”, decía una. Y era verdad.

Los primeros años nos peleábamos por quién construía la hipótesis más verosímil: que se haya ido porque quiso, algunos lo pensamos. Pero claro, Florencia era obsesiva del orden, era consumista, era precavida, era coqueta. Florencia nunca se hubiese ido sin tarjetas de crédito, DNI, ropa para cambiarse. Podía ser que Florencia anduviera alienada por ahí, porque, claro, a cualquiera puede pasarle de perder la cabeza por un golpe o por alguna causa médica que no conocíamos, pero si era así, ¿por qué no aparecía viva haciendo disparates en la calle o aparecía muerta, accidentada o lo que sea? Un año más tarde, cuando nada se sabía y el silencio hacía de penumbra sospechosa, atando cabos, con furia de amiga, a una compañera se le ocurrió pensar en la trata de mujeres. Entonces ya empezábamos a tener respuestas.

Supimos que Florencia podía formar parte de las más de 600 mujeres que desaparecen por año en Argentina para ser prostituidas. Las pistas las daba la misma Policía. Las maniobras evasivas para saltearse procedimientos que requerían de agilidad, como allanamientos, citaciones a declarar, pinchaduras de teléfono y algunas declaraciones mediáticas de las autoridades policiales que llevaban adelante la causa direccionaban a la opinión pública a afianzar la idea de que Flor se había ido con un novio, cansada de una familia problemática y de su propia depresión. Eso develó la operación: la Policía estaba ocultando algo.

La semana de su desaparición Flor había llamado más de 50 veces a Julio César Yapura, un dealer. Flor tomaba cocaína cada tanto y, al parecer, ese 16 de marzo tenía ganas de tomar. Con el tiempo supimos que Flor iba seguido a Confusión, boliche en el que trabajaba Yapura y por datos extraídos de la antena de la empresa de telefonía móvil nos enteramos que ese mediodía que Flor llamó a Pedro y a su trabajo estaba cerca de Confusión. El boliche era conocido en el ambiente gay y travesti como lugar donde conseguir acompañantes escorts, según se puede contrastar googleando. De allí era la última noticia que teníamos de Florencia. Los dueños de Confusión se esfumaron cuando empezaron las averiguaciones, nunca se los pudo ubicar, al parecer habrían regresado a una provincia del norte de donde eran oriundos. A Yapura se le intervino el teléfono, uno de los cinco que tenía, pero ninguna de las conversaciones sirvió para comprometerlo legalmente, se escurría, se le fugaba a la Policía en la propia cara.

Con el tiempo, pensemos en la altura de un chico de 2 años, casi un metro, aparecieron nuevos elementos que reforzaban la hipótesis de la trata. Una amiga de Flor se entrevistó con Susana Trimarco, la madre de Marita Verón, otra mujer secuestrada por las redes criminales de trata de mujeres. Susana le contó a nuestra amiga que dos chicas de Santa Fe que habían escapado de prostíbulos de Córdoba reconocieron haber visto a Florencia en tres lugares (casitas, privados, whiskerías) distintos. Dos en la provincia de Buenos Aires y uno en el interior de Córdoba. Con ese dato increíble que nos sacaba ya del terreno especulativo, la pesquisa del fiscal a cargo debía direccionarse, salir corriendo a allanar prostíbulos, a tomar declaraciones. Pero no, eso tampoco se investigó en la causa que llevaba adelante Marcelo Retes en la Fiscalía Federal 23 de Capital Federal. Tampoco se hizo nada incluso después de que se supo que a una de las chicas volvieron a secuestrarla y a la otra la amenazaron y balearon su casa.

En 2007, llegó a manos de una amiga de Florencia un CD con las fotos de las chicas que estaban en Las casitas de Río Gallegos. Para la amiga de Florencia, que viajó hasta Tucumán a ver las fotos, una de las chicas retratadas era Flor. Los peritajes en Tucumán de la comparación entre esa foto y otras fotos anteriores de Florencia dieron positivo. Se hizo un rastrillaje en Río Gallegos y se encontraron casos de trata pero no a Florencia. Aparentemente, hacía muy poco había habido un traslado de chicas. En Neuquén se realizó otro peritaje para constatar la fotografía, dio también con un 80% de compatibilidad. En Buenos Aires, peritos puestos por la Fiscalía rechazaron la prueba. Para ellos la mujer de la fotografía no era Florencia.

Esto, que parece de ficción, es pura realidad. La pregunta que nos surge a todos es: ¿cómo puede ser avalada por el poder del Estado esta situación? Después de años, siete y medio, la única respuesta que tenemos, los amigos de Flor, es que la trata es un negocio tan grande que calma cualquier pensamiento moral. Que hace olvidar a los policías, a los operadores judiciales, a los fiscales, a los funcionarios gubernamentales, que las mujeres no somos cosas, que las personas tenemos derechos, que hay una historia larguísima en la que los poderes mundiales entre lucha y lucha se pusieron de acuerdo en que la esclavitud está prohibida por siempre, para siempre y en cualquier lugar. Pero claro, la plata

Una quiere creer que no son todos los policías iguales, pero la fuerza de los hechos se nos presenta como una ráfaga de pesimismo. Para la fecha en que Flor desapareció, Jorge Omar Cipolla era la autoridad máxima de la División antisecuestros de la Policía Federal. División en la que el caso de Flor quedó encuadrado por un llamado anónimo que resultó aportar datos falsos sobre un presunto secuestro de Florencia. El Comisario Cipolla, ese mismo que tenía a cargo la investigación de la desaparición de Flor, fue denunciado en 2010 por su supuesta participación en redes de trata y prostitución. La acción legal fue llevada a la Justicia por la agente Nancy Miño Velásquez y lo presentaba a Cipolla como responsable del cobro de coimas que darían libertad de acción a tratantes y regentes de prostíbulos de la Capital Federal y de la Provincia de Buenos Aires.

Según denuncia Sin Cautivas, organización feminista creada por amigas de Flor para investigar y difundir el caso, a tres meses de la desaparición de Florencia, el mismo Cipolla, en ese entonces jefe máximo de la División Antisecuestros de la Policía Federal, hizo declaraciones tendenciosas y determinantes en los medios de comunicación (en Clarín del 17 de junio de 2005, entre otros). Sus declaraciones afirmaban -sin pruebas que lo demostraran y previo a aportar esta información al expediente de la causa- que Florencia había planeado una fuga y que se encontraba viviendo en el interior con un hombre y en perfecto estado de salud.

El comisario Cipolla hoy fue apartado de la fuerza y trabaja en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Al parecer, habría tenido buenos vínculos con el PRO, hace años mantiene una relación de pareja con la legisladora porteña por el PRO María Eugenia Rodríguez Araya, según consta en el semanario Miradas al Sur, Edición número 160 del 9 de junio de 2011.

Así, a 7 años y medio, a un metro cincuenta del suelo, existe la certera posibilidad de que la causa se cierre: hace ya años que no se asienta en la Fiscalía un dato nuevo. El teléfono que se colocó para aportar datos, según dice el fiscal, no ha sonado nunca, ni siquiera para una llamada equivocada, ni para mentir, ni para hacer un chiste ni para intentar quedarse con la recompensa.

En estos años los amigos de Flor aprendimos muchísimo sobre el mundo: cómo se maneja la justicia, cómo se generan y degeneran leyes, cómo explicar que la violencia contra la mujer nos atraviesa desde la mañana hasta el alba de nuevo. Aprendimos a trabajar juntos, a pensar en acciones. Y siempre nos preguntamos qué estará haciendo ahora esa chica Flor que era y es nuestra amiga. Pensamos que ella tan solidaria y de presencia fuerte seguramente sea una mujer poderosa donde sea que esté, buena compañera, con carácter y determinación. Pensamos también, a veces, qué estaría haciendo ahora si no se la hubieran llevado. ¿Sería economista?, ¿seguiría militando?, ¿qué color de pelo tendría?, ¿sería madre?, ¿sería todavía buena amiga?

Se nos hace urgente decir, conjeturar, pensar, por eso invitamos a todos, a todas a sumarse a una campaña en la que podamos opinar qué creemos que pasó, qué es la trata, qué nos acordamos de Flor, qué somos ahora, después de siete años y medio. La campaña empezó el viernes 16 de marzo –cuando se cumplieron 7 años de su secuestro- en Facebook (https://www.facebook.com/contralatrata). Ahí, miles de personas que ya están participando, dejan sus fotos con mensajes que hablan de estas cosas. Desnaturalizar la desaparición, justo en este país, que no sea normal que haya desaparecidos, parece una quimera. Difícil tarea, pero asequible.

El tiempo corre y llega una edad en la que no crecemos mas, nos quedamos en el metro setenta, metro ochenta, y no nos movemos más, antes que eso pase, que nos conformemos con su ausencia, pedimos pronta participación de todos en la búsqueda de Flor, en la difusión de su historia, en la apertura a pensar críticamente a nuestras comunidades, que todavía tienen esclavas y desaparecidas.


Fuente: Contra la trata. wordpress.com

Foto: Gisela Chandía