EDITORIALES INDEPENDIENTES

En su paso por la Feria del Libro de Buenos Aires, las editoriales independientes, esas que batallan todo el año para que sus catálogos circulen entre más lectores, se muestran al público: tres en un stand compartido, otras con mucho esfuerzo lograron tener un espacio individual, pero todas supieron conseguir su lugar y funcionan como una gran vidriera, exhibiendo su propia identidad.
“Acá seguro encontrás algo que te gusta, por la diversidad de catálogos y porque es cuidado, con mucho amor, pasión y armoní­a”, dice Ví­ctor Malumian de Godot, editorial que dirige con Hernán López Winne, ambos estudiantes de Comunicación que arrancaron con este proyecto hace siete años motivados por “la pasión por los libros y las ganas de publicar”.
Pero no se refiere a su sello, cuyo catálogo lo integran unos 70 tí­­tulos -el primero fue “Doce pruebas sobre la existencia de Dios”, de Sebastian Faure con ilustraciones de León Ferrari y el último “Yo también soy” del crí­tico Mijail Bajtí­n-, sino a Sólidos Platónicos, el espacio que por segundo año comparte en la feria con Aquilina, Fiordo, Páprika, Criatura, Gourmet Musical, Letranómada, Libraria y Wolkowicz.
Sólidos Platónicos fusiona a nueve editoriales “con catálogos anclados en distintos públicos pero con la particularidad de que somos una o dos personas por sello con un trabajo muy a pulmón y la remamos mucho”, condensa Malumian, en tanto que su colega de Aquilina, Ricardo Romero, aventura que “si logramos una continuidad el stand se va a convertir en un punto de referencia”.
Más pequeños y con menos tí­tulos, estos sellos se inspiraron en la fórmula de Los siete Logos que desde hace tres ediciones nuclea a Entropí­a, Adriana Hidalgo, Caja Negra, Katz, Eterna Cadencia, Beatriz Viterbo y Mardulce. “Este grupo se ha consolidado, sobre todo para los lectores que ya saben que en la feria van a encontrar una selección garantizada de felicidad”, sostiene Andrea López de Adriana Hidalgo.
Si bien ese emprendimiento también está por fuera de toda lógica coorporativista y lleva la impronta independiente al igual que Sólidos Platónicos, hace un tiempo que ya pegó el envión -más de 370 tí­tulos de narrativa europea o brasileña hasta poesí­a argentina reunida-, y ahora, en sintoní­a con sus sellos amigos de Los siete logos, es referente para lectores y nuevas editoriales.
Es que como explica Andrea López, el stand de la feria “nos posibilita gestionar en equipo, lo cual fortalece nuestro trabajo como editores porque si bien los catálogos son distintos las formas de ver lo qué hacemos es similar. Otra cuestión que hace efectivo este grupo es que compartimos lectores. No competimos, nos complementamos”.
También Romero de Aquilina, sello que reúne unos 20 tí­­tulos fundamentalmente de policiales argentinos con autores como Leonardo Oyola y que en un principio arrancó con la intención de lanzar sagas, se suma a esta idea. En realidad, dice, “no competí­s, juntas lectores con diferentes intereses o que vienen a buscar literatura y de pronto conocen otra cosa que no buscaban”.
Y Hernán López Winne de Godot grafica: “Es complementario, es una pequeña librerí­­a de material selecto, con la particularidad de que te podes encontrar con los editores”. Por eso, Ví­­ctor Malumian dispara “la feria va a tener que rever un montón de cuestiones”, mientras que Romero asegura que “algo está cambiando y sí­ nosotros crecemos es porque hay espacio para hacerlo”.
En este punto, la directora comercial de Adriana Hidalgo valora a la Feria del Libro de Buenos Aires como “un punto de contacto con lectores, colegas y profesionales de afuera” y como una “vidriera, porque son espacios donde podemos mostrar el catálogo completo, esto es imposible en cualquier librerí­­a”.
Otra experiencia colectiva, que se repite hace varios años, es la del stand de la Cámara Argentina del Libro, que en esta edición integra a 16 editoriales con temáticas que van desde narrativa hasta religión, medicina o disciplinas sociales. Algunas recién empiezan como Limonero con preciosos tí­tulos para chicos y otras como el caso de Hormé reaparece después de una caí­­da en el escenario local.
Graciela Rosenberg, vicepresidenta de esa institución, recuerda que “antiguamente las microeditoriales no se podí­an reunir en la Feria, habí­a muchos requisitos; esto ahora se flexibilizó, lo cual genera una gran impacto porque les permite darse a conocer y distribuir sus catálogos. Muchos sellos no están en condiciones de tener un espacio, empezar en esto es un trabajo muy a pulmón”.
La intención entonces, indica, “es darle un lugar compartido para que después puedan tener sus propios stands”. Y en este sentido, Gladys Abellyro, a cargo de esa parada en la Feria, destaca que “el esfuerzo de las editoriales es enorme” y “son pocas las que viven de esto; generalmente se sostienen gracias al trabajo en otros rubros porque la ganancia es nula”.
Una de los sellos que dio ese gran paso es Vestales; primero estuvo en el stand de la Cámara Argentina del Libro, después pasó a uno compartido y ahora ya tiene el propio, pequeño pero efectivo. Se especializa en novela romántica histórica de autores argentinos, los lectores ya la conocen y van directo a consultar las novedades, comentan desde el espacio.
Otra editorial que vivió la experiencia común y desde hace dos ediciones tiene su propio enclave es Libros del Zorro Rojo, con un catálogo de 180 tí­Â­tulos potentes y preciosos, al estilo álbum. “Somos muy pequeñitos pero como hacemos libros especiales pasamos de ser los `raros` a tener un público constante que cada año se acerca buscarnos”.
Así­ resume su paso por la Feria Sebastián Garcí­­a Schnetzer, director de esta editorial nacida en 2004 con un pie en Argentina y otro en Barcelona (España), recientemente distinguida como la Mejor Editorial Europea del Libro Infantil y Juvenil de Bolonia.
En ese “ecosistema” que es su stand, el lector se encontrará con libros producto de una aventura titánica de sus editores: su catálogo lo integran, por nombrar algunos, José Saramago, Eduardo Galeano o Haruki Murakami. “Estos grandes no están con nosotros por la rentabilidad, porque no la hay, lo único que les podemos asegurar es esfuerzo y mucho amor para cada libro”.
Independientes, autogestivas o micro -como se prefiera llamarlas-, las editoriales que no superan los 400 tí­tulos y cuyas tiradas no suelen tener fórmulas exactas más que una selección cuidada y selecta, reconsolidan y confirman el espacio que supieron conseguir en la Feria del Libro, una parada obligada para cualquiera que se diga amante de los libros.