CAFÉ DE MARCO

El 3 de junio de 1801, “El Telégrafo Mercantil” anunciaba “Mañana jueves se abre con superior permiso una casa café en la esquina frente del Colegio, con mesa de villar, confitería, y botillería”, se refería al local recientemente adquirido Pedro José Marcó,  en la intersección de las calles de la Santísima Trinidad y de San Carlos (actualmente Bolívar y Alsina), esquina noroeste, frente a la iglesia de San Ignacio. La crónica describía, también,  las características  particulares del nuevo café “tiene hermoso salón para tertulia, y sótano para mantener fresca el agua en la estación de verano”.

El nuevo café, al que se lo denominó “Café de Marco” o café “Mallcos”, se situó en el mismo lugar donde en 1613, funcionaba el casino del Cuadrilátero,  un prostíbulo y casa de juego cuyos propietarios fueron  Juan de Vergara y Simón de Valdez, primeros contrabandistas de esclavos en el Río de la Plata. No se ingresaba por la esquina, como en otros establecimientos análogos, sino por la calle de la Santísima Trinidad.  El cartel de la entrada indicaba: “Villar, Confitería y Botillería”.  Contaba con dos mesas de billar y esto le daba que le daba categoría y  atraía a los más jóvenes.

El café de Marco, lo mismo que el de Catalanes, constituían una especie ágora y club.  No existiendo en la ciudad salones, cuando algunos hombres necesitaban reunirse, lo hacían en el café.  Toda oposición política se iniciaba allí.  Era lonja de mercaderes y bolsa de chismes.  En sus mesas pobretonas se concertaban amistades y se planeaban conquistas amorosas.  Allí se redactaban algunos de los pasquines que a la noche eran arrojados por debajo de las puertas de calle, y allí nacían los pleitos y las quejas.  Indudablemente sin el café de Marco y el de Catalanes no hubieran sido posibles ciertos acontecimientos, como la revolución del 25 de Mayo de 1810.

El local no tenía más adorno que dos espejos de regular tamaño.  Los mozos servían de calzón corto, chaquetas y alpargatas.  Bebíase, además de café y chocolate, vinos españoles, anís, agua con azucarillos, denominados “panales”, “agrio”, o sea jugo de limón, o de naranja, con agua y azúcar, y “sangría”: vino tinto, agua y limón.

También ofrecía a sus clientes el alquiler de un pequeño carruaje para los días de mal tiempo, en que se les hacía difícil volver a sus casas.

Habitualmente en horas de la noche no había parroquianos, sobre todo en invierno, excepto los grupitos de jugadores y noctámbulos.  Los hombres de la colonia, que se casaban muy jóvenes, generalmente antes de los veinticuatro años, no iban a los cafés.  Se quedaban en sus casas, o iban a algunas tertulias familiares.  No era bien visto que el casado acudiese de noche a un café; y sólo en circunstancias extraordinarias se excusaba el hacerlo.

Fue apostadero de patriotas durante las invasiones inglesas, en los edificios de alto, a fin de vigilar a los británicos que se establecieron cerca del teatro de la Ranchería.  Fue allí donde Martín de Alzaga, con sus arengas, logró poner orden a sus partidarios para que se unieran a los otros patriotas.

Cuando estalló la primera conjuración de Alzaga, el 1º de enero de 1809, el virrey Liniers mandó clausurarlo y dar tres días a Marcó para salir de la ciudad.  Pero quedó su socio José Antonio Gordon, que presentó dos rogatorias a Liniers para reabrir el local, ambas denegadas.  Claro que a principios de agosto asumió don Baltasar Hidalgo de Cisneros y en seguida retornó don Pedro Marcó.  Elevó un memorial al nuevo virrey que denunciaba que sus pérdidas serían de 30 mil pesos en utensilios y productos y el 21 del mismo mes fue autorizado a reabrir su negocio.

Fue lugar de reunión de reunión de Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Vicente López y Planes, Bernardo de Monteagudo en vísperas de la Revolución de Mayo de 1810.

Cuando Buenos Aires fue abrazada por la Fiebre Amarilla, se produjo la mudanza de los vecinos de la clase más adinerada (principales clientes del Café de Marco) hacia la zona norte.  Esto hizo que disminuyera notablemente la concurrencia a sus salones  determinando el cierre definitivo del establecimiento hacia 1871.

Fuente: www.revisionistas.com.ar