ARTE LIBRE Vs. ARTE POR ENCARGO

Laterales de los edificios, paredes abandonadas, tapiales, persianas de negocios, constituyen el escenario donde se desarrolla una actividad artística en la frontera con los ideales libertarios. Los muralistas embellecen la Ciudad y tiñen el gris cotidiano del cemento con un abanico de colores indescriptible pero disfrutable.  Algunos especialistas califican al muralismo como una actividad que “está de moda” dado que proporciona a sus hacedores un espacio para fugarse de las preocupaciones cotidianas y la posibilidad de exposición masiva sin requisitos. Pero el oficio de dar color a las paredes apunta a crear un vínculo de comunicación entre espectador y artista totalmente descontracturado, es el contrapunto de la contaminación visual de las marcas y la publicidad.

Si bien muchos de los muralistas de renombre reconocen que comenzaron con el arte pictórico callejero en un momento de crisis personal, como una forma de evasión. También entienden que pintar en la calle implica un soporte de difusión masiva. Es decir, crear obras para que las disfrute todo el mundo sin condicionamientos de tiempo, lugar o dinero. Sin embargo, reconocen que pintar un mural es tanto o más caro que  generar una exposición. La ventaja está en que la pared permite al artista expresarse con mayor libertad, sin necesidad de pensar en una convocatoria controlada. Los artistas que participan de esta actividad, consideran que, aparte de la difusión masiva de tu trabajo, pintar en la calle genera una interacción directa con los vecinos. Donde se establece un diálogo directo y frontal con el ciudadano que vive y respira la ciudad.

En este sentido, a través de la ley 2991 sancionada por la Legislatura porteña en 2009,  la Dirección de Patrimonio del ministerio de Cultura porteña, debiera propiciar, a través de los festivales de Street Art o Arte Callejero, la participación de los artistas en el trabajo del embellecimiento de algunos espacios públicos como lo son las paredes debajo de los puentes o pasos a niveles subterráneos. La normativa en cuestión que, según declaraciones a la prensa de la gerenta operativa de Patrimonio de la Ciudad,  arquitecta María Arias Incollia no puede ser aplicada dado que el sector “no cuenta con presupuesto para materiales, infraestructura, seguros de vida y accidentes para sus restauradores y la conservación de obras de artistas reconocidos”, es un intento  enmarcar los concursos de este arte, establecer parámetros y presupuesto para convocar a un concurso nacional y tener un registro de muralistas con espacios destinados para esta disciplina.

En lugar de Street Art o Arte Callejero, los murales que decoran la Ciudad son arte por encargo. Algo a lo que muchos artistas son reticentes porque no consideran “arte libre”. El temor de dejar en libertad el uso de las paredes y poner en vigencia la ley 2991 se escuda, según la arquitecta Incollia, en el insólito argumento de que, con la aplicación de la normativa,  la Ciudad correría peligro de quedarse sin espacio libre de intervención artística.