ANDRES ROLDAN Y EL CAOS EN EL MUSEO

El diseñador industrial Andrés Roldán, a cargo del Parque Explora, un espacio de divulgación y apropiación de la ciencia y la tecnología en la ciudad colombiana de Medellín, aseguró que “no se trata de exhibir trajes de astronauta para que uno sueñe con ser astronauta, porque la ciencia también se viste de remera”, al participar del encuentro taller internacional “Caos en el Museo” que se lleva a cabo en distintos puntos de Buenos Aires.

Durante una de las  jornadas del evento organizado por la Fundación TyPA (Teoría y Práctica de las Artes), en el Museo de la Ciudad,  que se realiza hasta el domingo y donde  el tema central es “la búsqueda de herramientas de diseño y urbanismo para la mejora de la relación de los museos con sus entornos urbanos y sociales para empoderarlos como agentes de creación de civilidad”. Roldán explicó que ya había participado de la edición que se realizó el año pasado en la Ciudad de “Museo Imaginado”, unaexperiencia de debate sobre los museos también organizada por TyPA y que el año próximo se realizará en Colombia.

-¿Por qué hablan de “parque” y no de “museo”?

-Andrés Roldán: Cuando piensas en museos, piensas en algo quieto, distante, frío, ortodoxo, hay algo que tienes que ir a mirar y tienes que comportarte de una manera determinada. En Parque Explora no queremos esas actitudes sino que la gente se unte las manos, se contacte desde otro lugar, por eso nos distanciamos de la palabra museo. Nos gusta pensar en una colección de actividades en las que el público construye cosas, experiencias, fenómenos de la ciencia, objetos reales. La gran transformación de los museos es que primero se definían por sus colecciones, por lo que atesoraban y cuando ya fueron muy grandes, comenzaron a definirse por sus edificios. Hoy son definidos por sus comunidades, por cómo los usan y cómo se identifican con él.

-¿Cómo pensás el rol de los museos en las sociedades contemporáneas?

-AR: Hay que crear espacios dignos para los ciudadanos, que esa dignidad quede expresada en territorios comunes para hacer ciencia, crear nuevas tecnologías, nuevas visiones. No se trata de exhibir trajes de astronauta para que uno sueñe con ser astronauta, porque la ciencia también se viste de remera. No se trata de científicos locos en un laboratorio que a la larga son clichés que hacen mucho daño. El pensamiento científico debería ser algo común como lo fue durante mucho tiempo el pensamiento religioso.

¿Qué pasa si en el centro de la ciudad tenés el museo de ciencias y la participación ciudadana pasa a ser la creatividad ciudadana? Hay que generar herramientas del ser creativo innovador y transformador, esas son misiones del museo, y no es un asunto de adoctrinamiento sino de cómo se crea un ecosistema que posibilite este tipo de situaciones.

– ¿De qué se trata Parque Explora?

-AR: Es un parque interactivo, símbolo de transformación e innovación social, que tiene como objetivo pensar cómo crear a través de instituciones culturales un urbanismo que busque nuevos territorios para repensar el espacio público. Esto es: cómo generar grandes transformaciones sociales en poblaciones que han estado en una situación de degradación por problemas sociales y que nos llevan a la violencia. Creemos que son los gobiernos los que deben pensar lo público, la memoria, la propia identidad, porque el capital privado no está pensando en un lugar de encuentro para que seamos mejores ciudadanos. Nuestra misión es lograr, mediante escenarios interactivos, algún tipo de transformación social promoviendo las competencias que incumben a la ciencia. Me refiero al pensamiento crítico, el trabajo colaborativo, la posibilidad de responderse preguntas del orden científico que hacen más rica, más informada, más crítica a una sociedad.

– ¿Dónde está ubicado el Parque?

-AR: Está en un barrio de Medellín llamado Moravia y se construyó a una cuadra de distancia de donde había un gran basurero que terminó convirtiendo a ese sitio en un lugar destruido, abandonado. Intentábamos crear comunidad, y comenzamos a trabajar mientras se armaba el parque con el objetivo de crear un espacio público para el encuentro, la interacción con la educación, con el conocimiento en el corazón de un lugar marginado, olvidado y excluido. Empezamos de una manera muy sencilla: muchas de las mujeres que viven en el barrio llegaron buscando en la ciudad una nueva oportunidad y empezamos a hacer agricultura urbana con las madres. Se hizo reorganización del barrio y esas madres se organizaron y conformaron una cooperativa que produce plantas ornamentales. Es un espacio público administrado por ellas, tienen un invernadero y un contrato con el gobierno de la ciudad.

– ¿Cómo sigue esa experiencia?

-AR: Con ese colectivo de madres seguimos aprendiendo e innovando para hacer cosas distintas en el barrio y eso sigue evolucionando. La inversión fue del gobierno municipal, con una corporación privada sin fines de lucro. Los sueldos corren por cuenta de la corporación y ayuda a que podamos generar la posibilidad de cobrar quienes trabajamos allí y crear nuevos contenidos. Los políticos y las ciudades se acostumbran mucho a dejar su memoria en piedras, en obras, en centros históricos pero, ¿qué pasa con la grandeza cuando miramos las villas?